sábado, 6 de agosto de 2011

Eso que llaman "la trata".



Por Susana Dillon

El tema siempre tiene actualidad, porque siempre hubo y habrá víctimas, y si repasamos los periódicos y fuéramos prolijos y veraces, tendríamos las estadísticas que no nos brindan  las instituciones que se abocan a ese renglón que permanentemente ocultan las cifras verdaderas, ya sean las de carácter económico o de orden social. Con esta táctica se mira para el otro lado, a la hora de  poner soluciones a la trata de las mujeres rebajándolas a la mas oprobiosa esclavitud, la prostitución, ya sean adultas o menores; éstas mucho más terrible porque se realiza con secuestros de menores, seres indefensos a los que dejan huellas de los abusos de por vida.
En nuestro país, el primer censo nacional de población, reveló que en 1869, se contabilizaron 1.700.000 habitantes, con una población femenina del 50%. Para aquellos tiempos de constantes guerras intestinas, los hombres eran reclutados para servir en los ejércitos.
Desde 1853 a 1930, ante el problema de la escasa población en un país tan extenso, entran como inmigrantes 6.000.000, la mayoría varones.
Desde 1914 ya existía un plus de hombres que según los periódicos (la época), estaban condenados a" los vicios de la masturbación y la prostitución", relegados a ser solitarios sin esperanzas de encontrar pareja adecuada.
El único recurso para aquellos abandonados a su suerte, fue el prostíbulo: el permitido y el clandestino. La única solución que se encontró fue la de traer al país prostitutas europeas, continente empobrecido por las guerras y el hambre...
Se argumentó que tal medida se tomaba para que no se lanzaran aquellos hombres solos, como lobos sobre el gran rebaño de las mujeres de buena conducta, hijas de familias respetables. Así surgió un personaje siniestro y marginal: el cafisho o fiolo, compadrito que seducía a las incautas con el cuento del casamiento en aquel país lejano de Sud América, donde todo estaba por hacerse y hasta regalaban tierras a los que se avenían a poblar.
Planteadas así las cosas, el fiolo viajaba a Europa a los países que habían padecido lo más cruel de las guerras y caían con promesas brillantes  las incautas que se habían salvado del desastre a hacerles proposiciones fantásticas de bienestar y fortuna, si se casaban con ellos.
Las jóvenes mujeres que se creían la patraña, llegadas a Buenos Aires a los tugurios donde desaparecía el candidato para ser vendida a algún otro rufián que la explotaría o bien el recién casado la haría trabajar en forma callejera. Esta clase de sujetos formaban una extensa red de asociaciones dedicadas a la prostitución. Una de las más poderosas llegó a ser la Zwy-Midgall, que explotaba a las mujeres judías y muchas francesas. Allí se distribuían las recién compradas en remate, para iniciar una vida de esclavitud sin posibilidades de ser liberadas.
Los que las explotaban utilizaban toda clase de amenazas y castigos si se rebelaban o intentaban escapar. Ejercían una férrea disciplina, se preocupaban de anotarlas en el registro de sanidad para que no faltaran a su trabajo, las vestían y alimentaban, cuidando su salud, en caso de enfermedades venéreas. También les pagaban las multas a las que trabajaban en la calle, pero eran capaces de matarlas si las encontraban luego de la huida.
La ciudad de Rosario, en los años 30, fue llamada "el Rosario de Satanás", había 30.000 prostitutas y aquel negocio infame prosperaba. La mafia y la delincuencia se hacían notar en cada barrio, en cada población marginal. Los políticos y la clase alta hacían su agosto, también en la trata. La policía estaba también combinada para que todo siguiera como estaba. Tuvieron fama y fueron gran negocio los prostíbulos de San Luis, ya que en otras provincias se había prohibido aquella actividad, que tenía también su protección oficial.
El gobierno del Gral. Justo, una farsa de la democracia, se caracterizó por dar la sensación de perseguir los prostíbulos, pero no llegó a desterrarlos y mujer que se perdía, seguro que iría a parar al territorio puntano. La clase alta argumentaba que había que salvar a las decentes con la instalación de "casas de tolerancia". El "Marabú" fue reconocido lugar de levante donde concurrían jóvenes y estudiantes que allí tenían ocasión de bailar, comerse unos asados, pelear y gozar de compañía femenina.
A Rosario, ciudad que creció con los inmigrantes venidos solos y con el acicate de encontrar fortuna, le tocó ser escenario no solo de los abusos de la mafia, la gran mayoría dedicados a explotar mujeres, allí, precisamente se produjo un  gran revuelo cuando una pobre mujer judía , venida con engaños de Europa, tuvo el coraje de denunciar ante un juez probo, su amargo destino de prostituta.
La lucha le llevó no pocos sinsabores y disgustos, pero pudo librarse de ese destino gracias a un juez que llevó el asunto hasta las últimas consecuencias. En una sola noche encarceló a 400 tratantes. Se llamó Raquel Líberman y se la conoce como la primera mujer, que gracias a su coraje , pudo rehacer su vida.
En cambio, en estos días, anda el Juez Zaffaroni metido en un escándalo por tener vastas propiedades donde se ejerce la prostitución. Se supone que sin su consentimiento, la empresa inmobiliaria que los administra es la que los ha arrendado, y ojalá que así sea, de lo contrario habríamos retrocedido más de medio siglo en esto de dar seguridad y decoro a la mujeres que han sido presa fácil de la explotación de eso que se llama "trata".

No hay comentarios:

Publicar un comentario